Casa del lector, Matadero de Madrid 2003

Se tarda mucho en olvidar, lo que mucho tiempo llevó aprender. | Séneca

La casa del lector, un ámbito único para la lectura y su práctica, un contenedor de soportes de palabras y signos, una secuencia de palabras concatenadas en el interior de un espacio, un poema.

El símbolo y su signo. No existe la lectura sin soporte. El texto no es comprendido hasta que no se recorre, como el espacio de la casa del lector. Una topología de los espacios que se reconocen por las referencias entre unos y otros, como una novela de Faulkner. El significante y su significado. El lector que se nutre de palabras.

Un acceso al recorrido que cambia la manera de entender el espacio con textos personalizados a cada visitante lector que llega, un espacio polivalente de exposiciones que es a la vez plaza de encuentro, una cafeteria a dos alturas sobre el espacio, un auditorio que permite incrementar y disminuir su aforo concebido como una caja de musica. Un espacio diáfano para exposiciones temporales, una calle que es un soportal y jardin de sombras de textos, una biblioteca con las salas de lectura en diferentes ámbitos llenas de luz, silencio y volcadas hacia un jardín, aulas cada una con su acceso independiente, las oficinas diafanas con la sala de juntas que observa desde arriba, allí también el despacho de presidencia diáfano.