Fundación Federico García Lorca

Confesar que lo esencial para el ojo humano es invisible, y que, dado que todo es ilusión, la teoría científica al igual que el arte no sería más que una manipulación de nuestras ilusiones... | Federico García Lorca

¿Cómo habitaría un Federico su casa con el nuevo siglo? ¿Cómo hablaría tras sus paredes?

Una casa que se encierra dentro de un patio, que se permite recorrer por estrechas calles en su alrededor.

Una casa con su huerto, cómo la que habitara en la Huerta de San Vicente, o la que hace de basamento al mar en su casa de Nerja.

Un cierre cómo una mantilla gitana, que recupere la cerámica árabe de una Granada universal, una celosía que permite filtrar la luz y entrever la ciudad, que juega con el cromatismo de la lírica lorquiana, que sirve de disfraz a una caja llena de cultura.

Un auditorio con un gran ojo, una gran ventana que se asoma a la ciudad, y que a su vez permite que la ciudad asista a sus representaciones, recuperando el escenario del teatro de cachiporras.

Una torre que se alza a devolverle la mirada a la Alhambra, estableciendo un diálogo de cierre perimetral y largo cuello que se asoma, como una montaña de la sierra atravesando el mar de nubes, señalizando un nuevo hito en la ciudad.