Casa Decelle, 2005

Una vivienda en Madrid, concebida para un uso ocasional, como lugar de encuentro de amigos.

El acceso principal, se abre al corazón de la casa, al “hogar”, a la cocina. Tras una puerta en madera natural desprovista de sus mil sustratos de pintura, nos encontramos con un muro que mediante un vinilo se convierte en ventana al paisaje de embarazadas colinas del Sur, con la figura del inolvidable “Toro “que diseñara Manolo Prieto para Osborne. (Siendo los clientes una suerte de “coleccionistas de casas”, debería incorporar algún elemento “español”, algún elemento diferenciador del resto de sus moradas.)

A la izquierda se desenvuelve el programa más público, el acceso a la cocina, con una barra móvil sobre una rueda de bicicleta. Detrás la cocina, el comedor, donde un falso techo de listón de aliso americano reduce la altura para lograr un pequeño grado de intimidad en el sagrado acto del comer. La luz queda detrás de la madera. El espacio se remata con una estantería de cerezo y una mesa con de patas en zigzag para liberar la esquina de paso de apoyo. La tabla superior se bisela para lograr casi un plano inmaterial que levita, el mantel para la comida. La estantería puede organizarse de múltiples maneras, permitiendo que se convierta en un muro ciego de madera, o abrir las diferentes baldas en filas, columnas o infinitas diagonales.

Atravesando el comedor la pastilla longitudinal de salón, con dos zonas. Una mas íntima asociada al comedor y otra zona con sistema de proyección, sonido y televisión.

El dormitorio principal funciona en círculo. Uno podría recorrerlo como quién camina alrededor de una capilla . Al entrar, el vestidor en madera de cerezo, que divide el espacio entre la zona mas pública y la mas privada, ocultando la zona de baño. A la derecha la zona de cama. Tras el vestidor queda la zona de aseo, atravesando el muro que quedó con la fábrica desnuda. Dicha zona, con un frente que cuenta con dos lavabos de obra revestidos de gressite vitreo aguamarina y el acceso a dos duchas comunicadas en su interior. Siguiendo el recorrido en el sentido horario, un inodoro en sala independiente y una zona estancial privada, a modo de salón. “Uno se levanta, y mientras su pareja le observa en un ligero duermevela, toma su ducha, la de la derecha, como siempre, se asea, acude a la cita matutina con el evacuar, lee la prensa en su zona de diván, elige su atuendo, se viste, y despide, presto a salir, a su amado/a que en la horizontal se encuentra”. La arquitectura que permita un uso casi cinematográfico, donde en cada plano nos encontremos un escenario único.

Una casa para disfrutar del encuentro. Un paisaje interior lleno de pequeños accidentes, que como la línea de una mano, muestran el discurrir de la vida de sus moradores.