Museo de Málaga, 1999-2001 PRIMER PREMIO

PRIMER PREMIO CONCURSO INTERNACIONAL 1999-2001 Alberto Marcos, Amaya Pérez Gandarias, Diego Pérez Medina, Luis Burillo A finales del siglo XVI La Orden de la Trinidad se asienta en una colina malagueña donde Isabel La Católica estableció su campamento. Hoy, varios siglos después, se dibujan las trazas del final de un recorrido histórico, el Museo de Arqueología y Bellas Artes de Málaga con una superficie construida total de 11.000 m2. El proyecto surge de un estudio de plataformas, de niveles de significado, que partiendo de la Iglesia, Convento y Claustro en lo alto, horadan el territorio actual, creando patios y plazas desde los que se van accediendo a los distintos usos. Una suerte de lago, la plaza de los pasos perdidos, donde vienen a unirse varias corrientes. La ciudad camina filtrada hacia remansos de silencio. El acceso se traduce en un camino-rampa que desde el área de acogida busca la luz y asciende abrazando un patio, hasta el nivel de jardín y entrada a la exposición permanente de Bellas Artes y Arqueología del Museo. La clarificación tipológica del Convento e Iglesia, recuperando la fachada de la Iglesia y suprimiendo volúmenes añadidos, así como el saneamiento de artesonados y murales son las actuaciones básicas de rehabilitación. El antiguo edificio de cocinas se convierte con alguna alteración volumétrica en salón de actos. Se accede a través de una grieta en la muralla, Calle Velarde, que se abre a un pequeño patio antesala: se entra bajo la cavea que se desarrolla en suave pendiente en dos alturas bajo la memoria de cerchas metálicas. Conformando la plaza dos elementos lineales, el edificio de exposiciones temporales que levita sobre el filtro de contacto con la plaza del Archivo Regional y el edificio de servicios internos, donde el interior de la preexistencia se colma de llenos y vacíos, de talleres y despachos; manteniendo al exterior la potencia de su alineación urbana. Enlazando con el área de acogida y cerrando finalmente la plaza, la charnela con cafetería en P. Baja y biblioteca en la superior, alrededor de un patio interior del que surge un tercer paramento, el mosaico suspendido, hito del Museo que vierte la luz de Málaga tamizada al interior. La última plataforma es el almacén subterráneo donde confluyen y se conectan la totalidad de las circulaciones verticales. El Museo de Arqueología y Bellas Artes de Málaga se ha convertido en territorio, en la lectura histórica de un paseo que mira tras nuestros pasos.